Para muchas personas, hay fechas marcadas por eventos que dejaron huellas. Para ustedes: un abrazo solidario y recordemos para cuidarnos. Nuestra salud mental reside en las maneras en que abordamos las circunstancias amenazantes y los cambios en nuestras vidas.
Recordar para un buen porvenir
La población de Puerto Rico ha vivido múltiples desastres en años recientes —huracanes, terremotos, inundaciones, la pandemia por COVID-19— que han generado pérdidas y duelos tanto individuales como colectivos. Estos eventos han dejado huellas profundas en la infraestructura del país, y en la salud física y emocional de muchas personas.
La recuperación de un desastre puede tardar entre ocho y diez años, según explica la socióloga Santos Hernández; por eso, la recurrencia de emergencias en poco tiempo agrava la vulnerabilidad emocional y social.
Los recordatorios cotidianos —fechas, lugares, sonidos, advertencias en los medios, infraestructura vulnerable— pueden reactivar recuerdos, provocando síntomas como ansiedad, aislamiento o hipervigilancia. La exposición repetida a situaciones de vida amenazantes eleva el riesgo de experimentar depresión, ansiedad o estrés postraumático, cuyos efectos pueden manifestarse meses o años después.
Sin embargo, como explica la antropóloga Garriga López, en Puerto Rico predomina una cultura de “estar bien, resistir y arreglárselas» ante la adversidad. Este acercamiento unido al estigma hacia la salud mental limita poder identificar el impacto, los riesgos, las necesidades para promover la recuperación y la adaptación saludable.
Podemos llegar a creer que estamos bien, cuando en realidad no lo estamos. Lo que puede llevar a experimentar un aumento del estrés, quemazón (burn out), e incluso problemas de salud.
A nivel individual y colectivo para un buen porvenir: Recordar nuestras experiencias sobre los desastres ocurridos o las circunstancias amenazantes sirve para evaluar cómo estamos e identificar cuáles son los cambios que favorecen nuestra resiliencia.
FORTALECER NUESTRA RESILIENCIA PARA TENER SALUD MENTAL.
Ser resiliente es mostrar la habilidad de recuperarse, adaptarse y fortalecerse ante la adversidad. Aunque a veces no sepan cómo lo lograron, hay personas que superan desastres o multiples eventos amenazantes gracias a que usan mecanismos de protección que reducen su impacto.
Estudios demuestran que la resiliencia puede desarrollarse y fortalecerse a conciencia; y que cuando tomamos tiempo para identificar los desafíos y fortalecemos nuestros mecanismos de protección nuestra capacidad de ser resilientes aumenta.
No siempre somos igual de resilientes en todos los ámbitos de nuestra vida, y lo que funcionó en el pasado puede no ser útil ante nuevas circunstancias. A medida que cambian los riesgos, también deben hacerse ajustes en los mecanismos de protección.
La evidencia disponible señala como mecanismos de protección:
- Reducir el impacto del evento: Cambiando la percepción (por ejemplo, viéndolo como oportunidad) o distanciándose psicológicamente de la circunstancia.
- Disminuir reacciones adversas en cadena: Enfocando en manejar los efectos posteriores a la exposición al evento, evitando que se propaguen consecuencias negativas;
- Promover la autoestima y autoeficacia: Realizando tareas significativas y cultivando relaciones seguras que brinden apoyo esencial. Estudios indican que lo crucial no es la cantidad de contactos sociales, sino la calidad de estos vínculos y el uso que se hace de ellos;
- Mantener apertura para identificar oportunidades: Desarrollando flexibilidad para percibir las experiencias adversas como momentos críticos que pueden potenciar oportunidades de éxito en diversos aspectos de la vida;
- Gestionar emociones y mantener sentido del humor: Adoptando un estilo adaptativo, balanceado y firme, utilizando el humor para moderar la intensidad de las respuestas emocionales.
RECOMENDACIONES PARA FORTALECER TU RESILIENCIA
- Maneja el impacto de tus recuerdos y las reacciones adversas en cadena: Identifica qué provoca tus recuerdos, cómo te afectan y busca afrontarlos saludablemente, por ejemplo haciendo algo que disfrutes, expresando tus sentimientos a una persona de confianza o de maneras creativas.
- Conócete: Antes, durante y después de una situación amenazante, reflexiona sobre tus sentimientos, necesidades, fortalezas y vulnerabilidades. Hacerlo con frecuencia facilita darte cuenta de los cambios y protegerte.
- Busca apoyo especializado: Consulta con un profesional de la salud mental para aprender formas de pensar y actuar que te ayuden a ver oportunidades al enfrentar eventos amenazantes o cambios.
- Cuida tu cuerpo y mente: Mantén una buena salud física y emocional para manejar el estrés antes, durante y después de momentos amenazantes. Aliméntate saludablemente, descansa y haz ejercicios para fortalecer y relajar el cuerpo y la mente.
- Sé flexible: Aprende a adaptarte a los cambios, según tus necesidades y recursos disponibles.
- Comunica y colabora efectivamente: Fortalece tu forma de comunicarte, conectar y colaborar con otras personas, dentro y fuera de tu familia, para crear una red de habilidades y personas que te apoyen.
- Aprende sobre expresión emocional y resiliencia: Participa en talleres, charlas o actividades que enseñen cómo expresar saludablemente tus emociones y a ser resilientes.
Las circunstancias amenazantes y los cambios son inevitables en nuestras vidas. Sin embargo, sí podemos prepararnos, desarrollando y fortaleciendo nuestra resiliencia por nuestro buen porvenir.
Referencias:
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